El enólogo francés Michel Rolland falleció en Burdeos a los 78 años tras un infarto. Fue uno de los consultores más influyentes de la industria y tuvo un rol central en la evolución de la vitivinicultura argentina.
El mundo del vino despide a una de sus figuras más influyentes. Este viernes falleció a los 78 años el enólogo francés Michel Rolland, referente internacional y figura clave en el desarrollo de la vitivinicultura moderna, con una fuerte presencia en la Argentina.
La noticia fue comunicada por la Bodega Rolland, que informó que la causa de su muerte fue un infarto. Según expresaron, Rolland atravesaba un momento activo, lleno de proyectos y viajes, fiel a un estilo de vida intenso que lo caracterizó durante décadas.
Desde la bodega lo recordaron como una personalidad apasionada, generosa y profundamente comprometida con su trabajo. Destacaron su energía incansable, su mirada innovadora y su capacidad para dejar huella en cada proyecto que emprendía. También subrayaron su forma de vivir: con entusiasmo, curiosidad y disfrute, siempre vinculado al mundo del vino, la gastronomía y los viajes.
Su esposa, Dany Rolland, confirmó que el episodio ocurrió en Burdeos y que no lograron reanimarlo, lo que significó un duro golpe para su entorno más cercano.
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Acerca de Michel Rolland:
Nacido en Francia, Rolland provenía de una familia con tradición vitivinícola en la región de Pomerol, donde desde joven se formó junto a su padre, su abuelo y su bisabuelo. Más adelante consolidó su formación académica en Burdeos, lo que marcó el inicio de una carrera que lo llevaría a convertirse en uno de los llamados flying winemakers: enólogos que asesoran proyectos en distintos países del mundo.
A lo largo de su trayectoria trabajó en múltiples regiones vitivinícolas, desde Europa hasta Asia y África, posicionándose como una figura de consulta global.
Su vínculo con la Argentina comenzó en 1988, cuando fue convocado por el bodeguero Arnaldo Etchart para colaborar en Cafayate, Salta. Ese proyecto daría origen a uno de los primeros vinos premium del país y marcaría el inicio de una relación profunda con el territorio.
Con el tiempo, Rolland encontró en el Valle de Uco, en Mendoza, el lugar ideal para desarrollar sus propios vinos. Allí fundó en 1999 el proyecto Clos de los Siete, consolidando su apuesta por el potencial argentino y dejando una marca duradera en la industria local.
Su legado trasciende etiquetas y bodegas: fue un pionero, un innovador y un gran impulsor del vino como expresión cultural a nivel global.





















