FIESTA DEL CHOCOLATE

La celebración de la Fiesta del Chocolate ha dejado de ser un festejo local para transformarse en un producto turístico de exportación. Con una ocupación que rozó el 90% y la generación de 1.500 puestos de trabajo directos, la festividad se consolida como el «termómetro» económico en la antesala del invierno.

San Carlos de Bariloche volvió a demostrar por qué es la capital indiscutida de la dulzura en Argentina. El cierre de la última edición de la Fiesta del Chocolate no solo dejó un rastro de aroma a cacao en la calle Mitre, sino también una serie de indicadores que marcan un antes y un después en la gestión de eventos masivos en la Patagonia. 

“El balance es extraordinario. Hemos logrado consolidar a la Fiesta como el gran imán de la temporada baja”, afirma Lucio Bellora, Director del evento. Los números respaldan este entusiasmo: el sector privado realizó una apuesta masiva al aportar 2 toneladas de chocolate fluido y la distribución de 10.000 huevos de pascua.

Sin embargo, el dato que más resalta en el informe de gestión no es solo el consumo local, sino la visibilidad global. Gracias a una planificación estratégica, el impacto mediático del evento fue masivo, logrando una exposición que alcanzó a 250 millones de personas en todo el mundo. Este alcance internacional se tradujo en una ocupación hotelera que cumplió con las proyecciones más optimistas, situándose entre el 87% y el 90%. Según Bellora, el perfil del visitante fue variado, pero con una fuerte impronta regional.

La ingeniería detrás de la barra más larga del mundo

Uno de los atractivos más destacados de la fiesta fue la elaboración de la barra de chocolate, que este año alcanzó una extensión de 222 metros. Para Bellora, este hito trasciende lo gastronómico para entrar en el terreno de la técnica: “Hacer una barra de 222 metros es una proeza de ingeniería gastronómica. El desafío logístico fue inmenso, ya que implicó templar 2.000 kg de chocolate en plena calle Mitre, sumando además 400 kg de sembrado compuesto por frutos secos y cereales”.

El éxito de esta actividad estuvo ligado también a factores imprevistos. “El clima nos acompañó con un atardecer patagónico ideal, sin viento fuerte, lo que permitió que el chocolate solidificara en apenas minutos ante los ojos de miles de familias”, relata el director y agrega: “Para el chocolatero, este el momento de mayor orgullo porque muestra su oficio fuera de la cocina”.

El chocolate como «puerta de entrada» a la economía local

La Fiesta del Chocolate es una industria que no descansa. En Bariloche, este sector genera más de 1.500 puestos de trabajo de forma directa. Durante el evento, este dinamismo se vuelve tangible en cada rincón de la ciudad. En este sentido, Bellora destacó que se contó con 300 maestros chocolateros trabajando exclusivamente en la barra y eventos centrales, pero el impacto fue más allá de los expertos consagrados.

Un aspecto clave de esta edición fue la integración educativa. A los equipos profesionales se sumaron 100 especialistas y alumnos de la Escuela de Hotelería y Gastronomía, decisión que tiene un trasfondo social y formativo: “Esta sinergia no solo genera empleo, sino que funciona como una capacitación real para los futuros profesionales del sector”, argumenta Bellora.

El efecto derrame de la fiesta es innegable. Aunque el cacao es la estrella, otros sectores como las cervecerías artesanales, la gastronomía regional y las agencias de excursiones reportaron un movimiento incesante. “La gastronomía es el medio más potente para contactar con nuestra identidad, y el chocolate actúa como puerta de entrada para todo el consumo”, analiza el directivo.

Esta integración se manifiesta en innovaciones culinarias que sorprenden a los turistas. “Se han visto chocolates infusionados con cerveza porter y platos regionales que ganan visibilidad gracias al flujo de gente en el centro”, ejemplifica el ejecutivo. En este sentido, la fiesta tiene una función estratégica adicional de cara al calendario anual: “Funciona como un ‘termómetro’ que precalienta la ciudad para la temporada de invierno, beneficiando a todo el ecosistema turístico”.

Al reflexionar sobre lo aprendido, Bellora es tajante sobre el estándar que debe regir las próximas ediciones: “La calidad debe ser innegociable”. Esta premisa ha permitido que el evento logre su objetivo fundamental de romper la estacionalidad, haciendo que la Semana Santa en Bariloche deje de ser un simple fin de semana largo para convertirse en una fecha icónica.

Uno de los anuncios más relevantes tiene que ver con la evolución en la forma de comunicar la ciudad. El éxito de esta edición se cimentó en una estrategia digital 360° enfocada en formatos «Mobile First», lo que permitió obtener niveles de interacción 8 veces superiores a la media de la industria. Según el director, “gracias a este despliegue tecnológico, logramos que Bariloche sea sinónimo de chocolate en todo el país y la región”.

De las cenizas a la sofisticación

Para entender la magnitud del presente, es necesario mirar hacia atrás. Han pasado 14 años desde que la fiesta fuera relanzada en 2012, en un contexto de crisis profunda tras la erupción de las cenizas volcánicas. “Si mirás hacia atrás, el crecimiento es conmovedor. En 2012 empezamos con una barra de 50 metros para decirle al mundo que Bariloche estaba de pie tras las cenizas”, recuerda Bellora.

Hoy, la realidad es diametralmente opuesta. Con una barra que ya supera los 220 metros y una propuesta artística que incluye shows aéreos de vanguardia como Supernova y Tornado, el evento ha alcanzado una madurez excepcional. “La celebración ha pasado de ser un acto de resiliencia local a un producto turístico sofisticado que combina tecnología, arte y nuestra identidad más profunda”, destaca el directivo.

El éxito de esta gran fiesta solo es posible mediante la articulación institucional. La colaboración entre la Cámara de Chocolateros, el EMPROTUR, el Municipio y la Provincia se ha convertido en un modelo de éxito donde el sector privado aporta el talento y la materia prima, mientras que el sector público asegura la infraestructura y la promoción.

Mirando hacia el próximo año, el desafío está planteado. Lucio Bellora asegura que el foco estará puesto en la expansión: “Debemos fortalecer la promoción para que estas acciones lleguen a más gente”. Con la vara alta y el compromiso de todo un sector, la Fiesta del Chocolate se proyecta no sólo como un evento, sino como la gran carta de presentación de una Bariloche que sabe transformar su tradición en un espectáculo de nivel internacional.