En el complejo Village Recoleta abrió sus puertas Allenby, un restaurante que propone recorrer la cocina mediterránea desde una perspectiva amplia y contemporánea. Lejos de limitarse a un repertorio de recetas tradicionales, el proyecto entiende al Mediterráneo como un territorio cultural diverso, donde productos, técnicas y costumbres dialogan desde hace siglos.
Una cocina de cruces y tradición viva
La propuesta de Allenby se construye a partir de una mirada integradora. No se restringe a una región específica, sino que toma como punto de partida la diversidad que define al Mediterráneo en su conjunto. Así, la carta articula sabores, ingredientes y técnicas que remiten tanto al Mediterráneo oriental como a otras geografías que comparten esa identidad culinaria.
En ese cruce aparecen elementos clave como la frescura vegetal, el uso de especias, la presencia del fuego, las fermentaciones y el protagonismo de los panes. Todo se organiza bajo una noción clara de hospitalidad, logrando traducir una geografía extensa en una experiencia coherente, con identidad propia y sin perder matices.
Uno de los pilares del proyecto es su impronta artesanal. Gran parte de las preparaciones se elaboran íntegramente en el restaurante: yogur griego, falafels, pickles, panes, lafas y salsas forman la base de la propuesta. A esto se suman desarrollos como la harissa y el zhoug, que aportan profundidad y carácter a los platos. Esta lógica se complementa con una selección cuidada de materias primas, como cordero, pollo de campo y huevos pastoriles, en una búsqueda por alinear discurso y producto.

Del hummus al grill: una carta que recorre el Mediterráneo
La experiencia comienza con un gesto simple pero elocuente: un bagel con sésamo acompañado por aceite de oliva y za’atar de elaboración propia, que funciona como declaración de principios.
Entre las entradas, platos como el hummus con pickles y laffa, la shakshuka con queso feta y los falafels con coleslaw, hummus y tahina condensan el espíritu del Mediterráneo oriental. A su vez, opciones como el labne con huevas de trucha y pepino, la burrata con granada y babaganoush, el aguachile de melón con mariscos o la musaca amplían el recorrido y refuerzan la idea de una cocina de cruces.
El fuego ocupa un lugar central en la propuesta. En el grill se destacan preparaciones como alitas de pollo laqueadas, pollo especiado con arroz marroquí y cordero con labne tzatziki y especias, donde la intensidad de los sabores se construye a partir del calor directo.
Entre los platos más contundentes aparecen el pastrami —en sándwich o en versiones más elaboradas—, la Allenby Turkish Burger, pizzas al horno de leña y el garrón de cordero de cocción prolongada con trigo burgol. La carta se completa con una fuerte presencia de vegetales, hierbas frescas y encurtidos, que aportan equilibrio, textura y acidez.
Los postres continúan esa línea con opciones como el flan Allenby, pavlova de frutos rojos, profiteroles con helado de pistacho y distintas mousses de chocolate, junto a una propuesta de café de especialidad.
Un proyecto con equipo y visión
Detrás de Allenby hay un equipo con experiencia en la escena gastronómica porteña. La cocina está liderada por Gastón Caretti y Martín Bologovitz, bajo la dirección del chef ejecutivo Alejo Waisman, socio fundador —junto a Martín y Tomás Waisman— de restaurantes como El Burladero, Fervor, Sottovoce e Il Quotidiano, además de La Taberna.
Más allá de los nombres y los platos, Allenby se presenta como una invitación a recorrer el Mediterráneo desde Buenos Aires sin simplificaciones. Su propuesta combina técnica, producto y narrativa para construir una identidad propia, basada en la diversidad y el diálogo entre culturas.
Con esta apertura, el restaurante se suma a la oferta gastronómica de Recoleta con una impronta artesanal y una mirada amplia sobre una de las tradiciones culinarias más influyentes del mundo.

Allenby
Vicente López 2056, Recoleta, Buenos Aires
Instagram: @allenby_restaurante






















