Hija de la Cabernet Sauvignon y Tannat, esta variedad tinta es tan exótica como intensa. ¿Alguna vez la escuchaste nombrar? Te la presentamos.

La Ekigaina es una uva tinta de origen francés relativamente nueva y poco difundida en el mundo. Sus vinos son tan intrigantes como su nombre, y se caracterizan por tener una gran intensidad, colores brillantes y buen cuerpo. La cepa es producto de la cruza de las variedades tintas Cabernet Sauvignon y Tannat y fue descubierta en 1955 en el Instituto Nacional para la Investigación Agronómica de Burdeos, Francia. 

Con parientes tan imponentes como la Tannat y la Cabernet Sauvignon, este clon de uva tinta no podía ser menos. Sus vinos ostentan colores muy profundos, un cuerpo medio y definitivamente potencial de guarda. En lo que respecta al perfil aromático, en nariz se perciben frutas negras, especias y cierta nota balsámica. En tanto en boca, se recibe jugoso y con la presencia ineludible de los taninos.

En Argentina, esta uva es prácticamente una desconocida entre el público enófilo. Los únicos que la producen en el país son Bodega Santa Julia de Familia Zuccardi, para su línea de vinos “Innovación”, en la que trabajan con más de 35 variedades de todo el mundo, aún desconocidas en estas latitudes. La zona elegida para implantar la Ekigaina fue la ciudad de Santa Rosa, al sudoeste de Mendoza. Allí se cultivan las uvas y luego la vinificación se realiza en la sala experimental de la bodega en Maipú. El resultado son vinos muy originales, producidos en partidas limitadas y pensados para beberse jóvenes. 

Según el sommelier y comunicador del vino, Carlos Maraniello, “la Ekigaina se adapta muy bien a las zonas cálidas, por eso Zuccardi eligió el sudoeste de Mendoza, un lugar de clima templado y con muchas horas de sol”. En ese sentido, el experto en vinos asegura que “si bien aún no hay experiencia de cultivo en otras zonas del país, nuestros suelos tienen mucha semejanza con los del sudoeste francés, en donde ya se registran buenos exponentes”.

Por su parte, Rubén Ruffo, enólogo responsable de producir la variedad Ekigaina para Santa Julia en Argentina, reveló que “estas uvas tienen una muy buena producción por hectárea y poseen un racimo grande de granos medianos, buen color y estructura, algo que se ve reflejado en sus vinos”. Asimismo, aseguró que “gracias a la herencia del Cabernet Sauvignon, los Ekigaina poseen un muy buen potencial de guarda”. Sin embargo, al tratarse de una uva tan nueva, todavía no hay demasiada experiencia en vinos con una guarda elevada. 

Si de maridajes se trata el abanico es amplio y variado. Para Ruffo, el acompañamiento ideal para este tipo de vino son “platos bien vigorosos como una buena pasta o carnes rojas”. Maraniello, en tanto, que se dedica al arte de combinar vinos y sabores, opina que “un buen maridaje pueden ser unas pastas rellenas de carne con una salsa intensa o algún corte suave, sin grasa, como la entraña o la colita de cuadril”. En ese sentido, aprovecha para recordar una máxima del maridaje: “El vino tiene que predominar pero nunca eclipsar”.

Estas uvas se desarrollan muy bien en suelos franco arenosos y si bien aún no hay experiencias de cultivo en otra zona más que Santa Rosa, Mendoza probablemente con el tiempo y empuje de los viticultores podrá adaptarse y sorprender tal como lo hicieron sus compatriotas francesas. De más está decir que los suelos y condiciones climáticas de Argentina son propicias y que los paladares locales siempre están ávidos de nuevas sensaciones.

Por Nayla Díaz para Revista Elixir de Baco Club