Es la segunda uva más plantada del país y a pesar de que se la conoce con el nombre de «Bonarda», estudios recientes determinaron que en realidad se trata de la variedad francesa Corbeau.

La Bonarda es la segunda variedad de uva más plantada en el país y se utiliza tanto como varietal como para vinos de corte. Lo curioso de esta uva es que su nombre no es exactamente el mismo con el que se la conoce. Si bien las dudas sobre su identidad siempre estuvieron latentes, fue en el 2008 cuando el Instituto Nacional de Viticultura (INV) confirmó que, efectivamente, esta uva tan noble y popular no era exactamente Bonarda sino Corbeau. No obstante, en pos de preservar la buena reputación de la cepa y seguir promoviendo su comercio, se determinó que continuaría llamándose «Bonarda Argentina” con el agregado de: “Sinónimo Corbeau – Deuce Noire».

Con más de 18.500 hectáreas cultivadas, la “Bonarda” es la segunda uva tinta de calidad más plantada en suelo argentino después del Malbec. Fue introducida en nuestro país a fines del siglo XIX, principalmente en la zona de Cuyo, y se hizo popular rápidamente gracias sus excelentes rendimientos y la profundidad de color que otorga. Esta uva produce vinos de gran cuerpo, con aromas frutados y levemente anisados. Es fantástico para vinos de corte así como para ser embotellado como varietal. Hasta hace poco, la variedad era usada principalmente para mejorar y dotar de acidez y color a los vinos de corte pero lentamente comenzó a cultivarse y elaborarse con otra conciencia, buscando la mejor expresión de la uva y no tanto su producción masiva. 

Para Gabriel Bloise, enólogo responsable de la bodega orgánica Chakana Wines “lo mejor de la bonarda es que produce mucho, lo cual permite hacer vinos más accesibles al bolsillo del público”. Y es que los costos son un tema vital a la hora de hacer vinos. “Esta cepa otorga tan buen volumen que a la hora de mezclarla con otro varietal, como por ejemplo Malbec, da vinos de muy buena calidad y a un precio muy competitivo”, agrega el enólogo mendocino. Además, y en línea con su visión sustentable, la bodega utiliza el recurso de la cosecha anticipada de la vid para obtener uvas con una mayor acidez natural y así reducir el uso de anhídrido sulfuroso, un aditivo utilizado muy frecuentemente para corregir los vinos.

Pues bien entonces, la verdadera Corbeau es una uva originaria de Saboya, una región alpina francesa lindante con Italia. Por la cercanía geográfica, llegó a nuestro país como si fuera “Bonarda” italiana. Algo similar ocurrió en Chile con la Carmenere, una uva que se cultivaba creyendo que era Merlot y gracias a los expertos en ampelografìa y el correspondiente estudio de ADN, se determinó su verdadera identidad convirtiéndose más adelante en la uva insignia de Chile.

Así como el Mabec francés se adaptó con gran soltura al suelo argentino, lo mismo pasó con la Bonarda que, de a poco, está logrando despegarse de su rol de “vino de corte” para brillar por si misma y rellenar las copas del mundo con toda su fruta roja e inconfundible y justa acidez.

Fuente: Nayla Díaz para Revista Elixir