Es innegable que la Ciudad de Buenos Aires está viviendo un auge gourmet. Así como se multiplican las propuestas a la hora de salir a comer, crece la oferta de cursos. Enmarcado en este fenómeno, los restoranes abren sus cocinas al público para responder a la demanda. Enseñan desde pastelería y cómo hacer un buen asado hasta las técnicas para preparar sushi en casa.

“Las escuelas de gastronomía son protocolares, ponen distancia con el alumno, nosotros buscamos algo distinto, son clases lúdicas, relajadas, con mucha interacción”, explicó Luciano Combi, chef y dueño de Fifí Almacén en diálogo con el diario Clarín. En su restaurant se dictan clases de cocina con productos de estación.

Para Jessica Lekerman, chef y manager de Möoi, restorán donde dictan clases de cocina casi todas las semanas, la convocatoria es exitosa porque “hay mucha gente que no busca una formación profesional técnica, ni quiere cursar varias materias o tener días fijos de clases”.

Lejos de las paredes blancas y los hornos industriales de los institutos de gastronomía, aprender en Möoi es como meterse en un set diseñado para Instagram: hay globos de colores, limonadas en frascos de vidrio, manteles floreados y estrellitas doradas sobre la mesa. Sus seguidoras saben que Lekerman ama la decoración y el diseño, por eso cuida tanto la estética como lo que pone en el plato, y su clase de cocina no es la excepción.

En Alo’s, un bistró ubicado en San Isidro, las clases también vienen con bonus track, ya que la primera parte se dicta en la huerta. “Tenemos una charla de media hora acerca de cómo trabajar la tierra para plantar, cómo hacer un compost y después los alumnos cosechan”, cuenta su chef, Alejandro Féraud. Más tarde, las manos pasan de la tierra a la masa, ya que se les enseña a preparar un menú degustación de ocho pasos; el mismo que después disfrutan en una gran mesa comunal con la participación de un sommelier, encargado de presentar los vinos con los que se marida cada plato.

La Cabaña, por ejemplo, es el lugar indicado para los que quieren aprender a hacer asado como un parrillero profesional. “A lo largo de dos horas, les enseñamos las características de los diferentes cortes de carne, cuál es la mejor madera para el fuego, cómo manejar el calor según el punto de cocción y muchas otras cosas”, explica su chef, Diego Moyano.

 

Asado, cocina de producto, huerta; todas las clases son diferentes, pero tienen algo en común: terminan con una gran cena de la que participan alumnos y profesores. “Hay una cuestión social importante, hasta hubo grupos de los que salieron amigos”, cuenta Combi. Es que, en los restó-escuelas pasan tantas cosas, que quizás, aprender sea lo de menos.